Al traspasar la Cruz de una comunidad a otra y de un lugar a otro, el Padre Fundador convirtió la Cruz de la Unidad en un símbolo de la misión de la Familia de Schoenstatt y en la Iglesia
- P. Benjamín Pereira

La Cruz de la Unidad representa un momento crucial de la vida de Cristo y María: el de la crucifixión. Junto a la cruz de Jesús estaba su Madre, como nos dice el evangelista Juan. Pero el cómo está representado este momento tiene un fuerte carácter simbólico, hasta no histórico en algunos aspectos, como el representar a Cristo vivo mirando a su Madre con el costado abierto, siendo que la narración bíblica nos dice que su costado fue traspasado después de muerto. Este escrito nos facilitará comprender las verdades reveladas del Evangelio que aparecen acentuadas en esta imagen y al mismo tiempo descubrir la vivencia de fe que motivó al autor el interpretar de esta manera esta momento central de la redención cristiana.

cruz de la unidad original

Historia, origen de la Cruz de la Unidad

En el año 1959, después de -para nosotros- largos años de formación sacerdotal, llegaban a la meta los primeros estudiantes chilenos. Habíamos iniciado el camino siguiendo el ideal sacerdotal cristiano que reflejaba el Padre José Kentenich (18851968) y estábamos dispuestos a acompañarlo en su misión tal como la había proclamado, una vez más y en forma solemne, en Bellavista, Chile, el 31 de mayo de 1949.
 Los años de nuestra formación fueron muy duros, pues transcurrieron durante el destierro del Padre Kentenich a Milwaukee (1951-1965), medida disciplinaria que la autoridad eclesiástica había tomado para clarificar la misión que le cabía al Movimiento de Schoenstatt y la de su Fundador al interior de la Iglesia. 


Durante casi catorce años el Padre Kentenich fue recluido en esa ciudad norteamericana, cerca de Chicago, sin poder abandonarla. Su trabajo pastoral se reducía a la atención de los inmigrantes de habla alemana (a partir de 1959) y a recibir a los visitantes que recurrían a él para hacerle todo tipo de consultas personales. Este tiempo de destierro fue muy doloroso para la Obra de Schoenstatt y, al mismo tiempo, desconcertante, pues las autoridades de Roma pusieron en duda y revisaron toda la fundación. Diversos rumores y prohibiciones le daban al P. Kentenich un carácter sospechoso para algunos y el defenderlo, para ellos, parecía contrariar a la autoridad eclesiástica.


Esto motivo que se produjera una división: en Alemania se desarrollaron dos corrientes, una llamada liberal y otra integral según la forma de interpretar y seguir al P. Kentenich. En Latinoamérica diferencias de acentuaciones pedagogicas –que en tiempos de calma serian normales- formaron, con el tiempo, frentes irreconciliables. Debido a esto último, el Movimiento fue hasta prohibido por la Iglesia, por unos pocos años (1960-61) en Chile y en Brasil. Así, hermanos que habían asumido los mismos ideales, ahora se encontraban divididos.

El arriesgado paso del 31 de Mayo de 1949


EI P. Kentenich siempre tuvo una gran preocupación por la Iglesia. Se sentía llamado a ayudarla a responder a la crisis de nuestro tiempo, que él había experimentado en sí mismo. Por eso, la gran petición que le hizo a la Virgen, en aquel lejano 18 de octubre de 1914-fecha en que se fundó la Familia de Schoenstatt al sellarse la primera Alianza de Amor con la Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt- fue que Ella se estableciera en aquella capillita recién puesta a disposición de los jóvenes estudiantes palotinos, para que, desde ese lugar, Ella formará hombres mujeres que, como sus instrumentos, forjaran un cristianismo respuesta a los grandes interrogantes del mundo actual.



Otra fecha importantísima y significativa para la historia del Movimiento Apostólico de Schoenstatt es el 31 de mayo de 1949. Después de bendecir el 20 de mayo el primer Santuario filial de Chile en Bellavista, Santiago -copia fiel del original de Schoenstatt- el P. Kentenich puso, el 31 de ese mes sobre el altar de dicho Santuario, la primera parte de su carta-respuesta a los obispos de Alemania, en relación a algunas objeciones que uno de ellos, que hacía las funciones de Visitador de la Conferencia Episcopal, había hecho al Movimiento y a las Hermanas de María, primer Instituto Secular de vida consagrada fundado por el P. Kentenich. 

Estas objeciones no eran secundarias, sino que, según el Padre Fundador, tocaban el nervio del gran desafío que tenía la Iglesia en el mundo actual. Al hacer este acto simbólico de poner esta carta sobre el altar, puso en las manos de María, la Madre y Reina Tres Veces Admirable de Schoenstatt, esta cruzada santa. Cruzada llamada a crear una corriente de vida que viviera los valores del cristianismo de una manera orgánica y en armonía con las realidades del hombre actual, capaz de oponerse a un pensar y vivir enfermo que el Fundador percibe en nuestra época. Un pensar separatista que le quita al mundo creado su carácter de transparente de un orden superior. Al hacerlo, el mundo material pierde su carácter de expresión, camino y seguro de la relación con los valores espirituales y con Dios. Todo es nivelado hacia abajo quitando a todo lo sensible su carácter de símbolo de una realidad superior que la explica y la envuelve. 



En la plática que pronunciara dentro de la ceremonia del 31 de mayo de 1949 en el Santuario de Bellavista, llamó a los Santuarios filiales, que recién estaban comenzando a construirse en varias partes del mundo, a devolver reforzada la vida recibida del Santuario Original y así ayudarle a éste a cumplir su tarea. «El desvalimiento de uno de los contrayentes se debe sobre todo a la angustia por la pesadísima tarea que ahora se le vuelve a encomendar para Occidente» -dice el P. Kentenich en la plática del 31 de mayo, pero no puede callar, pues la Santísima Virgen necesita instrumentos humanos para realizarla y nos invita a ponernos a su disposición. El se siente impulsado a iniciar esta cruzada santa de los grandes valores del occidente cristiano, confiado en la Alianza de Amor con María sellada en el Santuario de Schoenstatt y en la madurez de vida alcanzada por su Familia espiritual. Se arriesga a dar este paso que él veía que sería difícilmente comprendido por las autoridades de la Iglesia, 
confiado en la fuerza divina. «Tenemos que pensar en David enfrentándose con Goliat... Si no contáramos con la buena voluntad de la Santísima Virgen nunca nos atreveríamos a dar este arriesgado paso...” (Plática del 31 de mayo)



Todas las vocaciones sacerdotales nacidas en el Santuario de Bellavista se despertaron al querer asumir esa tarea que el P. Kentenich sentía come propia, en la Iglesia y para el mundo. Todas ellas nacieron, según lo expresara después el Padre Kentenich, como fruto del arriesgado paso del 31 de mayo de1949. Y fue precisamente este paso, el envío de su carta-respuesta, el que desencadenó innumerables dificultades para el Fundador de Schoenstatt en la Iglesia y que causaron su destierro a Milwaukee en Estados Unidos.

El Cristo de la Unidad

Cuando los primeros estudiantes palotinos de nuestra generación estaban por ordenarse sacerdotes, nació entre nosotros el anhelo de regalar al Santuario de Bellavista –lugar que vio nacer y alimento nuestra vocación- un crucifijo que expresara nuestra imagen de Cristo sacerdote, tal como lo anhelábamos vivir a partir de nuestra Alianza de Amor con María y a la luz de la vivencia original de Cristo del Fundador. 


El pensamiento central que quisimos expresar fue el Cristo de los vínculos. Es el Cristo que, en la fuerza del Espíritu Santo, está profunda e íntimamente vinculado como Hijo al Padre. Es el Cristo que está profunda e íntimamente vinculado a María, su Madre, constituida como Colaboradora y Compañera permanente en su misión redentora de los hombres. Es el Cristo de la Unidad que une el cielo y la tierra; es el Cristo Buen Pastor que, reflejando el amor del Padre, une a los hombres con Dios y a los hombres entre sí, haciéndolos hijos de un mismo Padre.



Al reverso de esta cruz pusimos las frases latinas que expresaban nuestros ideales y realidad:

«Unum in Sanguine + Tua res agitur + Clarifica te»


«Unum in Sanguines»: Unidos en la Sangre de Cristo. «Tua res agitur»: Se trata de tu obra. «Clarificater»: Glorifícate en nuestra pequeñez e impotencia.



La frase latina «Unum in Sanguine», Unidos en la era el ideal de nuestra generación sacerdotal, que expresaba así la solidaridad de destinos que nos unía con Cristo y María, con el Fundador y entre nosotros.
Debido a las dificultades internas de la Familia de Schoenstatt antes descritas, la Cruz se hizo providencialmente actual, ya que experimentamos que la plena unidad entre nosotros sólo la alcanzaríamos en una adhesión creyente a la persona del Padre como Fundador, pues siendo fieles a él éramos fieles a la fundación que Dios había realizado a través suyo. 


La Familia alcanzó la gracia de la unidad en él como Padre Fundador, escrutando los planes de Dios, no orientándose por simpatías o por criterios puramente humanos.

El Milagro de la Noche Buena

Pero sigamos con la historia del Cristo de la Unidad. Esa plena unidad en el Padre la alcanzó la Familia de Schoenstatt en Chile, por gracia de Dios, en un proceso cuyo inicio visible acontece en la Navidad de 1960 al ser colocado el Cristo de la Unidad en el Santuario de Bellavista por el P. Humberto Anwandter, primer sacerdote ordenado de nuestra generación.
 A este acontecimiento se lo llamó posteriormente el «Milagro de la unidad» y esta Cruz fue y es hasta hoy testigo de ella.



Pero el Padre Fundador seguía en el destierro; recién cinco años después, también en Navidad, pisaría la tierra de Schoenstatt. El 22 de diciembre de 1965 el Papa Pablo VI le agradeció públicamente por la Familia de Schoenstatt y por su preocupación por la Iglesia. Una historia de catorce años termina y él puede entonces retomar la conducción de la Obra que Dios le había encomendado, de la cual había sido ratificado ahora como Fundador por la autoridad de la Iglesia. Con el regreso del Padre 
a Schoenstatt el 24 de diciembre ocurría en Schoenstatt un ‘milagro' de la Nochebuena.

"Regalos son regalos"

En el año de su liberación, el 16 de noviembre de 1965, el Padre Kentenich celebra en Roma sus 80 años. ¿Que quisieran regalarle los hijos de Bellavista? A algunos se les ocurre que debería ser la Cruz de la Unidad. El director del Movimiento hace una consulta rápida a las Hermanas de María -las custodias del Santuario-, a los Padres y a algunos dirigentes laicos, y están todos de acuerdo en que éste sea el regalo, pero con el pedido de que el Padre Kentenich la devolviera a Bellavista como un regalo suyo, pues esa cruz era el símbolo de la unidad alcanzada en su persona.



El Padre Fundador ya conocía la Cruz de la Unidad, hasta la había tenido en sus manos en Milwaukee. Una réplica de ella, hecha en madera, lo acompañó por largos años en su escritorio. Recuerdo que su secretaria, cada vez que llegaba una visita importante, la sacaba de su vista para que no la fuera a regalar.



Pero cuando recibió en Roma la cruz original desde Bellavista con esta condición de que la devolviera, preguntó «¿Es regalo o no es regalo?». Ante la respuesta afirmativa, muy amablemente nos dijo «Regalos son regalos», y el 12 de diciembre (Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América), él la regaló a una Señora de Schoenstatt de la Región de Stuttgart, en gratitud a su comunidad, para el futuro Santuario que estaban construyendo en esa ciudad (Alemania). El Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt es el segundo Instituto Secular femenino de vida consagrada fundado por el Padre Kentenich.

El Paralelo Bellavista-Stuttgart

¡Qué revuelo provocó esto en la Familia de Bellavista! En especial en la 
comunidad de los Padres de Schoenstatt, los que habíamos regalado esta Cruz al Santuario de Bellavista. Nos pareció que el Padre Kentenich no tomaba en serio nuestra historia o, por lo menos, no la encontraba importante.



El Padre se dio cuenta de nuestro dolor y le pidió especialmente al P. Alex Menningen que nos explicara el significado de este regalo. Y nos quedó claro: la Cruz de la Unidad fue dada a esa comunidad en agradecimiento por su fidelidad de vida a lo que él había proclamado el 31 de mayo de 1949 en el Santuario Cenáculo de Bellavista; pero también como tarea, es decir, como responsabilidad de mantener vivo el espíritu que motivó este paso del Fundador.



Ellas habían conocido lo que el Padre había comenzado en Bellavista y se habían sentido especialmente responsables de su retorno a Schoenstatt.



La Región de Stuttgart, por tanto, asumió como propia la así llamada «cruzada santa», llamada así por el Padre Fundador, a través de la proclamación del «Paralelo Bellavista-Stuttgart». La unión de los Santuarios de Bellavista y de Stuttgart quería ser garantía del retorno del Padre Fundador al Schoenstatt original y al seno de la Iglesia mediante el reconocimiento de su mensaje.


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Con este regalo de la Cruz de la Unidad a otra comunidad en la Familia de Schoenstatt, el Padre Kentenich amplía nuestra perspectiva, aclara lo que había ocurrido en Bellavista el 31 de mayo de 1949 se convertía en tarea para todo el Movimiento de Schoenstatt en el mundo y no sólo para la Familia de Schoenstatt chilena, siendo el Santuario de Stuttgart un caso preclaro en este sentido.


Pocos años después, en 1968, el Padre Fundador envía a las primeras Señoras de Schoenstatt a Chile, para que allí, junto al Santuario de Bellavista, ayuden, con su esfuerzo diario, a mantener 
viva la conciencia de misión de la Familia de Schoenstatt para la Iglesia y el mundo.



Hay que considerar que si bien la Familia de Schoenstatt en Chile había conseguido una unidad interior, el entusiasmo por todo lo que significaba el 31 de mayo había decaído; no se hablaba del tema por haber sido un punto conflictivo con la Iglesia y por haber producido también división en el mismo Movimiento. Al regalar el Padre la Cruz de la Unidad a una comunidad en Alemania que vibraba por todo lo que él pretendía con la misión del 31 de mayo y por todo lo que había surgido en Bellavista, despertó en muchos de nosotros lo que se había dormido y nos renovó en la responsabilidad de llevar adelante el legado del Padre Fundador.

Intercambios

En agradecimiento a Bellavista por haberse desprendido de la Cruz de la Unidad, la comunidad de las Señoras de Schoenstatt de Stuttgart regaló al Santuario de Bellavista una hermosa custodia para exponer el Santísimo Sacramento.



Sin embargo, esto no apagó nuestro deseo de tener, por lo menos, una réplica de la Cruz de la Unidad. Esta primera copia llegó en el año 1969, también como regalo de las Señoras de Schoenstatt de Stuttgart, traída por Frau Eugenia Mahringer, y ella misma la puso en el Santuario el 19 de marzo. 


Es la Cruz que se encuentra hasta hoy en el Santuario de Bellavista. Fue la primera vez que los Hermanos de María reprodujeron la Cruz de la Unidad y, desde entonces, lo realizan en su orfebrería para todos los santuarios que lo soliciten.



En 1974, con motivo de los 25 años del 31 de mayo, Frau Eugenia Mahringer, en ese momento Superiora de las Señoras de Schoenstatt de Stuttgart, llevó a Bellavista la Cruz de la Unidad Original, trayendo la gracia y bendición de Stuttgart.


La última vez que la Cruz original tocó tierra chilena fue en 1991, traída por Frau Dr. Inge Birk, actual Superiora General del Instituto Nuestra Señora de Schoenstatt, con motivo de la bendición del Santuario de Campanario, en Santiago.